15.6.12

PADECIMIENTO O MUERTE + El señor Presidente de la Corte Suprema de Justicia, con toda educación le llama padecimiento, pero quienes vivimos este destino, sabemos que es un camino de muerte, porque no consideran nuestras edades, ni tampoco les importa, ellos se ufanan de decir y decir mentiras, y justifican prestar los dineros que no son de ellos, sino aportes de ex trabajadores, que cumplieron con sus obligaciones honestamente, trabajando durante más de 30 años y aportando al sistema, hoy ANSES, el cual debiera y es su condición sin miramientos de cumplir con quienes son los dueños inexorables de esos dineros, y no entregarlos en la discrecionalidad con que lo hace el gobierno, dejando al libre albedrío de la vida de los ancianos jubilados. La causa injusta con que se maneja el gobierno hacia nosotros, es maligna, por cuanto tener que enjuiciar a la Institución que hubo y debe guardar los dineros aportados, deshonesta y falsea los argumentos con que fuera creada y promoviendo los aportes a otras cuestiones de falso interés en detrimento de los jubilados, condenándolos a morir o a cobrarlos para poder pagar los remedios de los achaques que sufrimos los viejos, donde están aún más severos por haber soportado muchas veces el vivir sin ellos siquiera, ante el salario indigno de la mínima, con que el gobierno nos ha castigado. El joven que preside el ANSES, parece estar inmutable ante esta situación, aceptando lo que debiera cuidar religiosamente para quienes son los dueños de esos dineros, amén también de no hacer beneficencia como quiere la Sra. Presidente con tasas que están en el suelo respecto de la inflación verdadera del 25/30 por ciento. Es hora que se termine con este flagelo terminal de vida de quienes hicimos patria trabajando honestamente, basta de ensañamiento pertinaz a nuestros destinos de vida. La vida nuestra es nuestra no hemos sido delincuentes para semejante castigo en nuestra vejez. Mario Luis Pennella

4.6.12

LA ARGENTINA DE MENTIRAS

LA ARGENTINA EN MENTIRAS Que mas nos puede pasar a los argentinos, con este llamado modelo, si las mentiras cotidianas y las propuestas económicas como los desatinos afines a ella, nos muestran a las claras que vamos a un rumbo sin horizontes claros, sino por el contrario. La notable consecuencia de lo que el pueblo ve y sufre, no es escuchada ni administrada por el gobierno, sino reemplazada por una falacia acostumbrada en el proceder cotidiano de sus discursos, sin contemplación ni miramientos hacia edificar progreso, bienestar, y si pobrezas presentes y futuras, en una dirección que cada día que pasa se agudiza, a pesar del decir lo contrario que representa esta economía, donde el flagelo de la INFLACIÓN, es una realidad y no una mera segunda sensación como la inseguridad que se aludió en su momento y que hasta hoy sigue siendo una cuestión sin cura y de cuidado extremo de la población que vive sacudida por ella, en cuanto a la economía sigue el mismo camino insatisfecho y de eminente peligro de no encarrilarla en su justo camino, la depreciación del peso argentino constituye, un nuevo camino a seguir colocando más quitas de ceros en los valores que constituían el peso fuerte, hace ya más de 40 años, y agregando a la izquierda los mismos, a una desvalorización sin freno aparente, sino por el contrario. La pobreza a pesar de querer estimularla con regalías insignificantes de productos, llevados a los pobres por parte del gobierno no será ningún paliativo eficaz, sino constituirá una nueva y profunda pobreza en el medio y corto plazo. El obelisco pareciera la representación más sincera de la Argentina de hoy, como la nariz de pinocho, el cual no para de mentir y ver crecida una imagen, que atormenta la pobreza de un pueblo que la siente en la realidad y no en un argumento de fraude con el pueblo el cual es engañado en discursos, que no se condicen con el presente actual de la economía ni de su poder adquisitivo devaluado y apretado en su desarrollo de vida. Ojalá llegue el día de ver al obelisco como lo que es, un símbolo de la ciudad, no una representación odiosa de lo que nos pasa. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 4 de junio de 2012.